Los primeros aparatos grabadores y reproductores de audio aparecieron a finales del siglo XIX. Estos estaban formados por una bocina, una aguja, un diafragma flexible y un disco de cera. Se denominaban tocadiscos. La calidad era bastante baja, presentaban una respuesta frecuencial muy irregular y a la vez ruido debido al rozamiento de la aguja con el disco de cera. El primer tocadiscos, denominado fonógrafo, fue inventado por el estadounidense Tomas Edison en 1877.
Posteriormente, en 1888, Emilio Berliner inventó el denominado gramófono, que triunfaría sobre el modelo anterior de Edison. La duración aproximada de un disco de cera de gramófono era de unos 4 minutos.
Durante la años veinte se introdujeron los primeros pasos en grabación y reproducción electromagnética, la cual se basaba en un transductor electromagnético capaz de convertir la energía acústica en eléctrica y al revés.
Este modelo posibilitó un incremento de calidad (mejor respuesta frecuencial) y desarrollar hacia los años cuarenta los primeros magnetófonos de cinta magnética.
